Los Vaqueiros de alzada

 Esta es la descripción de un pueblo , etnia, o lo que se quiera llamar, que en otros tiempos fue discriminado, no asi en hoy día , donde no hay diferencia con el resto de asturianos, por eso creo que es necesario dar a conocer su Hª.
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Hoy día hablar de vaqueiros es hablar de una "raza" orgullosa. Para muchos es una suerte llevar apellidos como Feito, Parrondo, Garrido…, pero esto no siempre fue así. No hace muchos años los vaqueiros eran un grupo de personas marginadas y sin apenas relación con el resto de los asturianos. Fue un pueblo diferente y por ello siempre se especuló sobre orígenes, forma de vida, etc. Por este hecho fueron muchos los estudios dedicados, ya desde el siglo XVII.
 
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Descripción:
Dentro de la población asturiana existe un grupo social bien diferenciado en función de su forma de vida —la explotación ganadera en régimen de trashumancia—, cuyo origen, historia y características han llamado siempre la atención, siendo objeto de investigación por algunos destacados estudiosos del pasado regional.
Ya Jovellanos, en su carta dirigida al canónigo don Antonio Ponz, escrita hacia el año 1793, sobre los vaqueiros de alzada, Ios definió diciendo que eran así llamados «los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas del Principado en los concejos que están a su ocaso, cerca del confín de Galicia», agregando que se llamaban así porque vivían comúnmente de la cría del ganado vacuno, y de alzada, porque su asiento no era fijo, sino que alzaban su morada y residencia, emigrando anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas. Los lugares en que habitan los vaqueiros reciben el nombre genérico de brañas, palabra ésta que ha sido objeto de varias opiniones en cuando a su etimología. Pero hoy se admite por los filólogos más autorizados que debe proceder del latín ver, primavera, y de la forma verania que es igual que lugar de verano, pues hasta el s. XIX la palabra verano se empleó con la significación de primavera. J. Corominas, en su Diccionario Crítico Etimológico y sin profundizar en la cuestión, consigna además de esta etimología la derivación de la palabra céltica braqna, lugar pantanoso, pero lo más probable es que derive de la primera de las formas citadas, si tenemos en cuenta además el paralelismo antitético braña-invernal nombre este último con el que se designa el lugar en que se pasa el invierno.
Por lo que se refiere a la significación de la palabra braña, es preciso aclarar que las brañas de la marina, a pesar de ser estaciones de invierno para los vaqueiros, son denominadas así porque antiguamente se obligaba a estas gentes a abandonarlas en la primavera, mientras subían a otras más altas, al mismo tiempo que los vecinos de las aldeas que sin ser vaqueiros pastoreaban aunque en menor escala con sus ganados, subían a aprovechar la hierba que aquellos dejaban.
Las brañas son aldeas de caserío disperso, y su emplazamiento ofrece cierta variedad, pero lo más general es que se hallen situadas en lugares relativamente altos, bien cerca de las cumbres o en valles próximos a ellas. La vida de las brañas se hallaba principalmente absorbida por el cuidado del ganado, principalmente vacuno. Pero, a veces. Ios vaqueiros mantenían también algunos ovejas merinas, procedentes de Torrestío, en la Babia baja (León). No obstante lo dicho, había y hay brañas en las que existe algún cultivo agrícola de centeno, patatas u otras hortalizas, aunque en pequeña escala, como, por poner algún ejemplo, ocurre en las de La Peral y el Puerto de Somiedo.
La tendencia a localizar los vaqueiros exclusivamente en la region occidental de Asturias, fue seguida por B. Acevedo y Huelves en su libro titulado Los Vaqueiros de Alzada en Astulias, publicado en 1893.
Pero en la segunda edición de esta obra publicada en 1915, reconoció con un concepto más amplio la existencia de vaqueiros —en este caso vaqueros pues no existe la diptongación— en la región central de la provincia, y aun llegó a extender la noción de este pueblo a gentes extrañas a ella como los pasiegos santanderinos, aunque no de manera absoluta. Los territorios por donde se extendían unos y otros, vaqueiros y vaqueros, corresponden a los concejos de Siero, Llanera, Las Regueras, Candamo, Castrillón, Pravia, Cudillero, Belmonte, Salas, Tineo, Luarca, Navia, Villayón y Allande.
En la parte oriental de la provincia no existe un concepto genérico de los vaqueiros como pueblo o grupo diferenciado, como ocurre en el centro y en occidente. Se dio el caso de algunos trashumantes, vecinos de ciertos pueblos altos de Caso y Ponga, que durante los meses de invierno bajaban sus ganados a pastar en las rasas y colinas de los concejos de Siero, Villaviciosa y Gijón, no muy lejanos de la marina, o bien en otras rasas más orientales aún, como hacían los pastores de ovejas del puerto de Ventaniella, del concejo de Ponga, que atravesando el valle del Cares, invernaban en las rasas de Unquera, en la provincia de Santander.
La característica más importante de la comunidad vaqueira como grupo social radica en el género de vida predominantemente pastoril de sus miembros, desempeñando particular papel en ella el nomadismo o trashumancia, y en consecuencia las especiales relaciones con otros grupos de aldeanos sedentarios, generalmente tirantes a causa de la contraposición de sus respectivos intereses, hecho del que se derivan, como se verá más adelante, particulares situaciones de carácter social.
A través de los siglos, estos ganaderos han ido evolucionando hacia el sedentarismo, desapareciendo casi por completo la vida nómada que antes llevaban —emigración colectiva casi total de las familias en las estaciones de primavera y otoño—, y podemos decir que son cada día más escasos los vestigios de la trashumancia, al extremo de que en muchos casos la población vaqueira se ha fijado permanentemente, convirtiendo las brañas en aldeas.
El problema del origen de los vaqueiros. Los contrastes en vida y costumbres entre los aldeanos estantes y los vaqueiros trashumantes nos parecen causas suficientes para explicar la tirantez de relaciones entre unos y otros. Si a ello añadimos el conflicto de intereses de ambas comunidades, ya aludido, no extrañará el carácter de «extranjeros viandantes» que los aldeanos sedentarios atribuyeron en varias ocasiones a los vaqueiros, según consta en los procesos de los pleitos con ellos habidos.
Al calor de tales diferencias habrá nacido la tradición que les atribuye un origen morisco, siendo bastante general la idea de que eran descendientes de los moros expulsados de las Alpujarras en 1571. La existencia de los vaqueiros de alzada en años muy anteriores a esta fecha, demostrada documentalmente, prueba la falsedad de semejante hipótesis, que probablemente tiene su origen en la popularidad que tal conflicto y sus consecuencias —la redistribución de la población morisca en el territorio nacional, hasta 1610, año de su definitiva expulsión— alcanzó. Nada tendría de extraño que los asturianos que periódicamente se internaban en Castilla en tiempos de siegas y vendimias, lo mismo que los que se dedicaban al tráfico, hayan traido a su regreso recuerdo de conversaciones relativas a aquellos hechos, y que sobre ellos se haya llegado a formar la leyenda de la ascendencia morisca de los vaqueiros.
Al margen de esta pintoresca opinión que motejaba de «alpujarristas» a los vaqueiros y que por otra parte llegó a alcanzar algunos ambientes cultos, como lo demuestra un proyecto de constitución sinodal de la primera mitad del s. XVIII cuyo autor los llama «moros de alzada», es obligado mencionar la tesis, defendida con gran calor, de Acevedo y Huelves, que consideraba a la comunidad vaqueira como el último reducto étnico de los primitivos pobladores del norte peninsular: los celtas. Tal opinión, así como la del ilustre penalista ovetense Aramburu Zuloaga, que los suponía descendientes de los cristianos que Alfonso I trajo consigo al interior de Asturias a mediados del s. Vlll y que, según él, habrían ocupado una posición inferior vecina a la de los siervos, han de ser rechazadas por inconsistentes. Como hipótesis de trabajo puede considerarse la sugestiva teoría apuntada por Ramón Menéndez Pidal en dos trabajos publicados en el año 1954. Basándose en las analogías registradas entre el habla vaqueira y el habla de varios pueblos suditálicos (por ejemplo: pronunciación de la «l» y «ll» que se transforman en los sonidos «ts» y «ch» respectivamente), y considerando las repetidas emigraciones de gentes del sur de Italia a la Península Ibérica en el s | a. C., que se establecieron en las dos vertientes de los Pirineos, puede pensarse que tal vez se hubieran trasladado a las dos vertientes del Mons Vindius, despobladas de astures por Augusto. En tal sentido, y según afirma el ilustre filólogo, Ios vaqueiros de alzada serían «sucesores de los emigrantes antiguos que suponemos desgajados del grupo pirenaico». Pero, a pesar de la sólida aportación pidalina al estudio de la cuestión, es imposible saber de manera cierta cuál fue el origen de los vaqueiros lo mismo que de los demás asturianos, ya que unos y otros son producto de la superposición o cruzamiento de diferentes elementos étnicos sobre un fondo antropológico común. El problema de los orígenes de los vaqueiros se encuentra ligado intrínsecamente al problema de los orígenes del pueblo asturiano, del que forman parte sin constituir ningún grupo étnico excepcional.
Hipótesis sobre el origen de la trashumancia de los vaqueiros. Faltan datos para conocer varios siglos de historia de los vaqueiros, pero sabemos ciertamente que en 1433 ya practicaban la trashumancia en largas distancias porque una partida de cuentas de la casa del conde de Luna consigna lo que habían pagado los que habían venido a Laciana de la marina aquel verano. En el estado actual de nuestros conocimientos, sólo hipótesis más o menos fundadas se pueden imaginar para investigar los orígenes de la trashumancia de los vaqueiros. Cuando los pastos abundan en relación con la importancia de los rebaños o piaras que han de consumirlos, no hacen falta desplazamientos de gran radio, y por lo tanto no existe trashumancia en grandes distancias. Por el contrario cuando escasean, este género de trashumancia se impone como solución única produciéndose desplazamientos, a veces dos o tres jornadas distantes, lo mismo en la primavera que en el otoño.
Ahora bien, si una parte de las familias pastoriles posee pocas cabezas de ganado, es posible que el pasto de las brañas invernales sea suficiente para mantenerlos, y por consiguiente desaparece la necesidad de la trashumancia para estas familias siempre y cuando las más ganaderas emigren dejando libre el campo a las que se quedan para aprovechar los pastos. En tal sentido, un testimonio del año 1713 nos hace ver que en aquel tiempo, en casi ninguna de las brañas del concejo de Luarca, se ausentaba por la primavera la totalidad de los vecinos. Todavía se llegaba a más: en algunas brañas como las de Toural y Relayo no emigraba ninguno de los habitantes, convirtiéndose toda la población en sedentaria. El informe en que esto consta añade que ello era debido a que en estas brañas había pastos bastantes para sus ganados, «sin ser necesario pasar a los puertos altos».
Por otra parte, en muchos lugares altos de las montañas del interior ocurría algo parecido. Así nos encontramos con que los vecinos del lugar de Saliencia, del concejo de Somiedo, reclamaron en el año 1536 contra lo dispuesto en las ordenanzas del concejo, alegando que durante el invierno, en éste y otros lugares del mismo, «los que eran pobres se iban con sus casas y familias por tener que comer, e porque non podían sufrir la tempestad», pues la de Somiedo «era tierra muy fría e fragosa e de muchas nieves», agregando que los ricos enviaban con el ganado a sus criados, dejando las casas pobladas.
Por todo lo que acabamos de ver, se deduce que en sus comienzos el nomadismo debió de ser practicado en cortas distancias, y que únicamente cuando este sistema fue insuficiente para colmar las necesidades de los ganaderos, se decidieron éstos a alargar sus emigraciones en busca de nuevos y abundantes pastos.
Sería del mayor interés el poder puntualizar el momento en que se realizó la transformación de uno de estos géneros de nomadismo en el otro, es decir, el de cortas en el de largas distancias. Puede sospecharse que esta transformación no se habrá realizado de una manera total y definitiva, siendo incluso probable que existiesen ciertas alternativas con unos periodos en los que el clima fue más propicio al desarrollo de pastos abundantes, en los que los vaqueiros permanecerían todo el año en el mismo lugar sin realizar emigración alguna, y otros en los que se verían obligados a emprenderla a lugares bastante distantes, lo mismo en la primavera que en el otoño. En este aspecto, algunas tradiciones vaqueiras ilustran estas alternativas climáticas.
Rasgos antropológicos y sociales de la comunidad vaqueira. Como ya se ha señalado al hablar de los orígenes de los vaqueiros de alzada, han fallado las suposiciones de que fueran representantes de una raza diferente de los demás asturianos. En el aspecto antropológico, lo único que podemos decir es que entre ellos la braquicefalia es, en términos generales, mayor y más frecuente, cosa que no tiene mayor importancia pues el tipo braquicéfalo abunda relativamente en el oriente y en el occidente de Asturias, siendo probable que esta tendencia a la braquicefalia sea una consecuencia de cierta herencia monotípica, ya que perteneciendo a familias que se cruzaron y recruzaron repetidamente entre sí, es fácil que hayan conservado mejor esta característica somática. El análisis de los grupos sanguíneos a que pertenecen tampoco ha descubierto particularidad alguna: las proporciones de dichos grupos no se separan de las que son corrientes en Asturias.
Las razones de la diferenciación social de las gentes vaqueiras ya han sido apuntadas con anterioridad, y en la base de ellas está el contraste de intereses entre estos ganaderos trashumantes y los vecinos de las aldeas y valles interiores (xaldos) o de la marina (marnuetos). Su vecindad legal dudosa determinó con frecuencia la evasión de las cargas municipales y del diezmo parroquial, aunque en algunas épocas y lugares se trató de paliar esta situación obligándoles a satisfacer la mitad del pago en los invernales y la otra mitad en las brañas.
Los representantes de la Iglesia tampoco miraron con buenos ojos a la población vaqueira, como lo demuestra el hecho de que en algunos templos parroquiales se conservó la costumbre, hasta bien entrado el presente siglo, de señalarles un lugar reservado, extendiéndose tal relegación al lugar de los enterramientos. Se llegó incluso a cuestionar la validez jurídica del juramento vaqueiro, pues «no hacen bastante concepto de la religión del mismo, por no conocer su gravedad por falta de doctrina, viviendo en continua peregrinación de las montañas a las Marinas… sin oir sermón ni doctrina de los párrochos». Las causas de estas postergaciones hay que buscarlas, sobre todo, en la deficiente evangelización de los vaqueiros, como consecuencia del aislamiento propio de su género de vida, de su arcaísmo, que conllevaba la práctica de numerosas costumbres supersticiosas de carácter paganizante.
Así pues, un cúmulo de factores, alguno de los cuales ha sido esbozado en las líneas precedentes, determinó que los vaqueiros de alzada se convirtiesen en una casta social menospreciada, y en ocasiones perseguida. No obstante, puede decirse que esta comunidad residualmente trashumante se halla hoy plenamente integrada en el seno de la población asturiana.
Fuente: Gran Enciclopedia Asturiana .
 
 
 
 

Canciones vaqueiras:

En la braña de Tseirietsa                En la braña d’Aristebanu                                                  La braña la Candanosa
arrubanun cobertores                       tan las casas meyores                                                            ta metida entre dos rius
dicía el que lus robou                        hay  mucinus cumu pinus                                                  quien la pudiera sacare
¡Ojalá fueran mejores!                      ya mucinas cumu flores                                                    a lus campus más florius

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En el Festival Vaqueiro y de la Vaqueirada de Aristébano (Valdés-Tineo) que tiene lugar anualmente el último domingo de julio, se celebra una típica Boda por el rito vaqueiro. Es una concurrida celebración que anualmente convoca a miles de personas, y en la que además tienen lugar exhibiciones de folclore vaqueiro.

 

Las fotos de la boda Vaqueira, en el apartado " Fotos"

 

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