Hª / Preliminares al Reino astur

 

  Unos años antes de la formación del Reino astur:

 

 

Desde el año 460, los Suevos intentan su expansión hacia el este, contra los Astures, a los que tratan de hacer estipendiarios. Según el parroquial Suevo, en el año 569, Astorga es sede episcopal dependiente de Lugo, y de Astorga dependen diez parroquias del occidente de los Augustanos. Entre los Transmontanos, solo se cita, como parroquia Sueva, la de Pésicos, conocida tribu occidental de Asturias.
Según los historiadores, la ciudad de León y otros pueblos Astures al oriente del Órbigo, no llegaron a estar sometidos a los Suevos, así como los transmontanos de la zona centro y oriental.

Leovigildo, en el 574, se marcó como objetivo someter a los rebeldes del Norte, Astures y Cantabros, que encerrados en sus montes se veían obligados a hacer incursiones contra los pueblos del sur, más ricos. En el 585, haría de Gallaecia una provincia Visigoda, y junto a ella, los territorios Asturianos que tenían los Suevos. Seguían independientes los pueblos al este de estos territorios: Astures, Luggones, Vadinienses,…

Los sucesores de Leovigildo, continuaron con sus campañas contra Astures y Luggones. El desembarco Islamita, sorprendió al rey Rodrigo guerreando en el Norte.

El aislamiento geográfico de Asturias,  la inexistencia de ciudades importantes, de una capital del territorio, hizo que todos los invasores tuvieran que luchar pueblo a pueblo, valle por valle, resultando muy costosa la creación y mantenimiento de urbes dignas de mención. En cuanto la presión militar descendía, los habitantes volvían a su albedrío, lo cual impidió que ninguna cultura cuajara totalmente; ni Celtas, Romanos, Visigodos, y más tarde los Musulmanes.

 

En el año 711, los musulmanes desembarcan en España en connivencia con parte de la nobleza visigoda. En poco más de tres años, estos invasores recorren el país tomando sin esfuerzo, posesión de él. En su ruta hacia el Norte, Munuza, fue recorriendo la ruta de Caesaraugusta, hacia Astúrica Augusta, prosiguiendo hasta lo que es hoy Galicia. La expedición termina en Lugo, donde es encontrado por un emisario de Al-Walid, que le obligó a regresar a Oriente.
Sometidos los cristianos (astures y godos refugiados) mediante pacto, quedarían obligados al pago de la contribución territorial –jaray– y la capitalización personal –yîzia-. La dotación militar que garantizase su autoridad hubo de ser necesariamente mínima, en función de las fuerzas llegadas a la península. Habría una guarnición  en Gijón con el gobernador y algunos destacamentos en puntos clave, quedando el resto del territorio abandonado al libre uso, por parte de sus pobladores. El cambio de dueños habría pasado casi desapercibido para ellos.

Entre las reglas del pacto, incluía enviar personas como rehenes a la corte de Toledo, para confirmar el tratado. Uno de ellos seria un miembro  de los seguidores del rey perdedor Rodrigo: Pelayo. Huido de su prisión en Córdoba, viene a refugiarse de nuevo en Asturias, siendo perseguido hasta el valle de Cangas de Onís, donde fue acogido durante la celebración de un “concilium”, ante el enemigo común (ocurría esto en el año 718).
Los rebeldes empezarían por no pagar los tributos y por atacar a los berberiscos establecidos por el país, más por ansia de venganza y libertad que por afanes políticos.

Para combatir las revueltas que se estaban organizando en Asturias, se organizó un cuerpo militar, para someter a los Astures, entrando probablemente por el Puerto de La Mesa. Los insurrectos acorralados en Covadonga, no aceptaron la rendición que se les ofrecía y favorecidos por el terreno, ganaron aquella primera batalla. Envalentonados por este triunfo, el resto de la población se rebeló contra Munuza, quien no viendo posibilidades de triunfo, intentó la retirada buscando los puertos por los que había venido, pero perdidos por aquellos valles, fueron presa de los Astures que cayeron sobre ellos y los aniquilaron, no quedando desde entonces ningún musulmán vivo a este lado de las montañas.

La Crónica Albeldense  nos informa que Pelayoasumió la rebelión contra los sarracenos, expresión que se interpreta en el sentido de que “se puso al frente” de un movimiento iniciado por los naturales de la región. No prosiguió el reino de los Godos, sino que nació el de los Astures (es aceptado Pelayo, por su superior formación y experiencia en temas militares y de política). La continuidad ideal entre la monarquía visigótica y la monarquía Asturiana no fue concebida en Covadonga, sino introducida más tarde en la historiografía del tiempo de Alfonso III.
Siendo Godo Pelayo, otros miembros no colaboracionistas se unieron a él en este territorio (cuando la revuelta se vio triunfante). No obstante, el proceso de gotificación de aquellas gentes había de ser escaso y oscuro, pues muchas tradiciones institucionales de la monarquía toledana desaparecerían para siempre.

Falleció Pelayo en el año 737, habiendo establecido una especie de capital en Cangas de Onís.

Desde el año 460, los Suevos intentan su expansión hacia el este, contra los Astures, a los que tratan de hacer estipendiarios. Según el parroquial Suevo, en el año 569, Astorga es sede episcopal dependiente de Lugo, y de Astorga dependen diez parroquias del occidente de los Augustanos. Entre los Transmontanos, solo se cita, como parroquia Sueva, la de Pésicos, conocida tribu occidental de Asturias.
Según los historiadores, la ciudad de León y otros pueblos Astures al oriente del Órbigo, no llegaron a estar sometidos a los Suevos, así como los transmontanos de la zona centro y oriental.

Leovigildo, en el 574, se marcó como objetivo someter a los rebeldes del Norte, Astures y Cantabros, que encerrados en sus montes se veían obligados a hacer incursiones contra los pueblos del sur, más ricos. En el 585, haría de Gallaecia una provincia Visigoda, y junto a ella, los territorios Asturianos que tenían los Suevos. Seguían independientes los pueblos al este de estos territorios: Astures, Luggones, Vadinienses,…

Los sucesores de Leovigildo, continuaron con sus campañas contra Astures y Luggones. El desembarco Islamita, sorprendió al rey Rodrigo guerreando en el Norte.

El aislamiento geográfico de Asturias,  la inexistencia de ciudades importantes, de una capital del territorio, hizo que todos los invasores tuvieran que luchar pueblo a pueblo, valle por valle, resultando muy costosa la creación y mantenimiento de urbes dignas de mención. En cuanto la presión militar descendía, los habitantes volvían a su albedrío, lo cual impidió que ninguna cultura cuajara totalmente; ni Celtas, Romanos, Visigodos, y más tarde los Musulmanes.

 

 

En el año 711, los musulmanes desembarcan en España en connivencia con parte de la nobleza visigoda. En poco más de tres años, estos invasores recorren el país tomando sin esfuerzo, posesión de él. En su ruta hacia el Norte, Munuza, fue recorriendo la ruta de Caesaraugusta, hacia Astúrica Augusta, prosiguiendo hasta lo que es hoy Galicia. La expedición termina en Lugo, donde es encontrado por un emisario de Al-Walid, que le obligó a regresar a Oriente.
Sometidos los cristianos (astures y godos refugiados) mediante pacto, quedarían obligados al pago de la contribución territorial –jaray– y la capitalización personal –yîzia-. La dotación militar que garantizase su autoridad hubo de ser necesariamente mínima, en función de las fuerzas llegadas a la península. Habría una guarnición  en Gijón con el gobernador y algunos destacamentos en puntos clave, quedando el resto del territorio abandonado al libre uso, por parte de sus pobladores. El cambio de dueños habría pasado casi desapercibido para ellos.

Entre las reglas del pacto, incluía enviar personas como rehenes a la corte de Toledo, para confirmar el tratado. Uno de ellos seria un miembro  de los seguidores del rey perdedor Rodrigo: Pelayo. Huido de su prisión en Córdoba, viene a refugiarse de nuevo en Asturias, siendo perseguido hasta el valle de Cangas de Onís, donde fue acogido durante la celebración de un “concilium”, ante el enemigo común (ocurría esto en el año 718).
Los rebeldes empezarían por no pagar los tributos y por atacar a los berberiscos establecidos por el país, más por ansia de venganza y libertad que por afanes políticos.

Para combatir las revueltas que se estaban organizando en Asturias, se organizó un cuerpo militar, para someter a los Astures, entrando probablemente por el Puerto de La Mesa. Los insurrectos acorralados en Covadonga, no aceptaron la rendición que se les ofrecía y favorecidos por el terreno, ganaron aquella primera batalla. Envalentonados por este triunfo, el resto de la población se rebeló contra Munuza, quien no viendo posibilidades de triunfo, intentó la retirada buscando los puertos por los que había venido, pero perdidos por aquellos valles, fueron presa de los Astures que cayeron sobre ellos y los aniquilaron, no quedando desde entonces ningún musulmán vivo a este lado de las montañas.

La Crónica Albeldense  nos informa que Pelayo "asumió" la rebelión contra los sarracenos, expresión que se interpreta en el sentido de que “se puso al frente” de un movimiento iniciado por los naturales de la región. No prosiguió el reino de los Godos, sino que nació el de los Astures (es aceptado Pelayo, por su superior formación y experiencia en temas militares y de política). La continuidad ideal entre la monarquía visigótica y la monarquía Asturiana no fue concebida en Covadonga, sino introducida más tarde en la historiografía del tiempo de Alfonso III.
Siendo Godo Pelayo, otros miembros no colaboracionistas se unieron a él en este territorio (cuando la revuelta se vio triunfante). No obstante, el proceso de gotificación de aquellas gentes había de ser escaso y oscuro, pues muchas tradiciones institucionales de la monarquía toledana desaparecerían para siempre.

Falleció Pelayo en el año 737, habiendo establecido una especie de capital en Cangas de Onís.

 

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