Monologo/ Las mascotas

Las Mascotas

 

 

 (del Club de la Comedia)

Imagínense esta situación: estás con el jefe en su despacho y sin mediar palabra, te bajas los pantalones y te pones a hacer caca delante de sus narices. Y entonces él no sólo no te despide, sino que se arrodilla y se pone a limpiarlo… Pues eso es una mascota: un animal al que le damos de comer, limpiamos sus catalinas y todavía decimos que somos sus amos.

A mí me encantan los animales… pero en libertad. Y, sin embargo, ¡acabo de comprar un perro! ¡Y lo he comprado yo mismo! ¡No puedo echarle la culpa a nadie!

Pero les voy a explicar por qué: todo empezó el día en que a mi hijo le regalaron un hámster por su cumpleaños. Yo dije:
– ¡Pero si esto es una rata!
– No, papá, esto es un hámster.

No se engañen: ¿ustedes saben lo que es un hámster? ¡Una rata que tiene los huevos más grandes que la cabeza! Y por eso la metemos en casa… ¡por cojones! Porque no se entiende que a nadie le guste un animal que huele mejor muerto que vivo.

Y lo malo no fue el hámster, lo malo es que una vez que admites la primera mascota, todo el mundo se cree que te encantan los animales y tu casa se convierte en el Waku-Waku. Por eso en el siguiente cumpleaños al niño le regalaron una tortuga de agua… ¿Pero qué regalo es ése? ¡Si parece una piedra sucia! Eso sí, huele muchísimo peor que el hámster.

Claro que ya que está en casa, no la vas a tener en el fregadero. Así es que te gastas una pasta en recrear su ambiente. Pero es inútil. Porque, vamos a ver: ¿qué clase de tortuga puede pensar que esa piscina de plástico con forma de riñón y esa palmerita ridícula son las islas Galápagos? Es como si para que te sientas en el Polo Norte te meten la cabeza en el frigorífico…

Y con los pájaros aún es peor: les ponemos una barra blanca de plástico para que se crean que es la rama de un árbol… ¿Será posible? Y además les ponemos un columpio… ¡Muy bien! ¿Pero alguien ha visto alguna vez en el bosque a un pájaro columpiándose? ¿Quién fue el listo que decidió que a los pájaros les gustan los columpios? ¡A los pájaros lo que les gustan son los hilos de la luz! ¡Pues que les pongan hilos de la luz en las jaulas!

Nosotros teníamos un periquito, pero duró poco, porque mi suegra un día, jugando, le abrió la jaula y se escapó. Y como la mujer se sintió culpable no se le ocurrió otra cosa que regalarnos un gato…

Muy bien, lo que nos faltaba… ¡El gato! Y nos dice:
– No os tenéis que preocupar, los gatos son muy limpios y además son muy independientes.
Pero, ¿cómo que los gatos son muy independientes? Yo todavía no he visto a ninguno que baje él solo al Pryca a comprarse la latita.

Y ahí no acaba la cosa. Porque, a los pocos días mi mujer me dice:
– Cariño, ahora que todavía el gato es pequeño es el momento de comprar el perro, porque luego no se llevarán bien.
¡Pero bueno! ¿Dónde estaba escrito que luego íbamos a comprar un perro? Pues lo compramos, se llama Tarzán y como era la semana fantástica nos regalaron ¡ocho peces de colores! Se ve que no les quedaban en blanco y negro…

A Tarzán hay que darle de comer, hay que peinarlo, hay que bañarlo, hay que vacunarlo, hay que pasearlo dos veces al día… Pero tiene una cosa buena: es que le tiras una pelota y te la trae… ¡Prueba con el hámster a ver qué pasa…! ¡O con la tortuga…! Y del gato mejor no hablar, porque tú le tiras una pelota a un gato y te mira como si fueses gilipollas.

Eso sí, al perro, para que te obedezca, hay que hablarle en inglés. El perro es de Logroño, pero como es un cocker, si quieres que se siente, tienes que decirle:
– Sit, Tarzán, sit…
Y se sienta. A lo mejor por eso el gato no me hace ni puto caso, como es siamés… ¿Y qué me dicen de los peces de colores? La única emoción de tener un pez es ver si sigue vivo. Que ésta es otra: las mascotas el día menos pensado palman. Y a ver cómo se lo cuentas a los niños…
– Hijo, el pececito se ha dormido…
– ¿Y por eso lo habéis tirado por el váter? ¿Si yo me duermo también me tiraréis por el váter?

Total, que con la pajarraca que se ha liado he tenido que ir a la tienda de animales a por otro pez… Me ha acompañado Tarzán y ésta es la razón por la que he comprado otro perro. Se llama Jane.

 

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