Nueche deSan Xuan ( I )

Hoy: NUECHE DE SAN XUAN EN ASTURIAS  (I)

 
                                              Bailando la Danza Prima alrededor de la foguera

 

Esta semana «les fogueres» pondrán calor y color a nuestra región. La fiesta de San Xuan, aparte de una festiva celebración de orígenes religiosos, es una arcana tradición en la que se combinan ritos paganos y cristianos, y que no son propios sólo de los pueblos cantábricos, pues se dan incluso en comunidades musulmanas.

La de San Xuan es una fiesta solar marcada por el agua y el fuego, una ocasión inmejorable -pensaron nuestros antepasados- para señalar que comienza el verano, y que tiene en el 24 de junio su puntal más elevado, el triunfo de la luz con el día más largo del año. Y la forma que hallaron para simbolizar este triunfo de la claridad ardiente sobre las tinieblas fueron «les fogueres». Señala el profesor Manuel Cousillas que «el culto al sol se remonta a tiempos inmemoriales y hay constancia de la existencia de estas fiestas paganas por toda Europa. Asimismo, en Irlanda las hogueras en honor a Baal eran amables rituales del culto al sol. Se dice de este dios guerrero que poseía un ojo en la nuca, sostienen algunos que era un ojo de fuego y en las contiendas, para favorecer a los que le rendían culto a través de las hogueras, se colocaba de espaldas al campo de batalla contrario y con su poderoso ojo aniquilaba al enemigo».

Las hogueras son, antes que nada, una manifestación del rito del fuego y, en consecuencia, de la purificación, mediante la cual se ahuyentaban los malos espíritus y se quitaban, hombres y mujeres, la modorra y el aletargamiento de los meses invernales, como nos explica el gran folclorista y cronista de Asturias Constantino Cabal: «El fuego generador penetra en las ramas de los árboles, en los tallos de las plantas, en las carnes del ganado y en los impulsos de la mocedad, y espanta y destruye en ellos toda influencia nociva para que puedan abrirse en amplias fecundidades».
En la mayoría de los pueblos y villas de la región, la leña con la que se edifican «les fogueres» es recogida por los mozos y los niños unos días antes de la fiesta; también era frecuente que en cada parroquia se dispusiera de varias hogueras, según lo habitados que estuvieran los barrios, lo que incitaba a rivalidades. Y siendo como es motivo de competición, la «foguera» es, al mismo tiempo, lugar de encuentro, de alegría y de convivencia. Alrededor de ella se canta, se danza, se ríe y se corteja, porque la fiesta de San Xuan es fiesta de esperanza y de gozo que se prolonga hasta la mañana. Y cuando las llamas perdían potencia, aparecían coplillas como ésta:

Amor es fuego

quien no se atreva

a saltar por las llamas

que no me quiera.

Entonces, la mocedad saltaba de un lado a otro por encima de las llamas, y en esta arriesgada acción se purificaban; pensaban que si las llamas no los tocaban, se casarían dentro del año. Existía, igualmente, en Asturias la creencia de que el sol «bailaba en la mañana de San Xuan», por lo que la gente joven subía a los altozanos para contemplar el espectáculo. Feijoo, en el siglo XVIII, nos habla de ello: «Lo que baila el sol esos días es que, al salir, se representan sus rayos como en movimiento, o como jugando unos con otros».
Por lo que respecta al rito del agua, la tradición aseguraba que en la mañana de San Xuan el agua tenía una limpieza y transparencia fuera de lo común y, por lo tanto, se creía que podía obrar prodigios. Así se explica lo afanosos que se ponían los asturianos a la hora de limpiar las fuentes con todo esmero, enramándolas y colocándoles arcos y rosas encima o rodeándolas de flores; se preparaban así para coger la denominada «flor del agua». Pero, ¿qué es la «flor del agua»? Para algunos estudiosos no es más que el reflejo que produce en el agua de las fuentes el primer rayo de luz de la mañana de San Xuan. Pero para nuestra tradición la «flor del agua» es el amor, la belleza, la salud, todo lo que sea signo de suerte.

En las zonas marineras, la víspera de San Xuan se enramaban también con flores los palos de lanchas y barcas, y se las adornaba con pabellones de cintas y flores. Con este rito se buscaba, primero, calmar las iras del espíritu que el agua encierra, y, segundo, incrementar la pesca.
Al igual que el fuego, el agua también aporta un sentido de purificación, y no únicamente el agua de las fuentes, sino también el rocío de la mañana de San Xuan. De forma que, en los tiempos pasados, las personas aquejadas de sarna y erupciones se revolcaban desnudas entre la yerba de los campos, aunque a veces el rito se reducía a caminar descalzas por los prados.

De la virtud sobrenatural del agua participaban igualmente los animales, como en el caso del fuego; por ello, los campesinos sacaban los ganados a que tomasen el rocío.
Las fuentes son, además, el territorio en el que se afirmaba que vivían las mitológicas xanas, seres con forma de mujer hermosa que se aparecían en la alborada de San Xuan. La imaginería popular nos presenta a la xana semidesnuda o cubierta por vaporosas sedas, tejiendo madejas de oro y alisándose los cabellos con peines del mismo metal precioso. De ella se decía que seducía a los galanes, protegía a los enamorados y castigaba a los amantes infieles.
Otro aspecto importante que la noche de San Xuan trae a la memoria por estas fechas es su relación con las plantas. Era corriente la idea de que el aire de esta noche santificaba y daba fuerza saludable a la flora. La planta sanxuanera por excelencia, portadora de mil virtudes, es en Asturias el trébol de cuatro hojas. Encontrar uno suponía tanto como toparse con una fortuna para toda la vida. El poder que esta noche confiere a otras plantas lo conocemos por medio de coplillas como la que dice:

La flor de sabuco, madre,

ya la tengo recogida

del sereno de San Juan

que sirve de medicina.

La noche de San Xuan nos brinda un rico florilegio de costumbres ancestrales que parecen reverdecer en esta Asturias de ahora donde se mira el pasado con respeto y una pizca de fantasiosa credulidad. Y que alcanza incluso a los grupos de música folk, como es el caso de Tarañu, el cual, en uno de los temas de su primer trabajo discográfico «Al xeitu de nenyuri» («A la manera de ninguna parte») canta a los elementos mágicos de la noche de San Xuan de la siguiente forma:

Nueche clara ven buscame a mio casa,

que toi naguando pola to llegada.

Cueye de la mio mano l’alborada,
nueche clara, que San Xuan güei nos guarda.

Nueche que durmes na dulce mayada

de flores bañaes pola rosada.

Voi enramar les ventanes del alba

nacía nel sen d’una monte arronzada.

 

…………………………………………………………D- La Nueva ESpaña–……………………….

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