Emigrantes asturianos en Madrid ” Coritos”

                                                         
 
 
 
 
                                  Emigrantes asturianos en Madrid " Los Coritos "
 
 
El Museo del Pueblo de Asturias publica un libro sobre la emigración a la capital de España desde el siglo XVI Ejercían duros oficios, como carbonero, aguador o sereno
Los oficios de las clases populares. Siglos XVI-XX’, obra de Juan Jiménez Mancha y publicado por el Museo del Pueblo de AsturiasA lo largo de las 300 páginas de la publicación se profundiza en las dos ocupaciones básicas de los asturianos en Madrid en los primeros siglos del estudio: aguadores y serenos. Ocupaciones que garantizaban a los asturianos ser los verdaderos dueños de las calles de Madrid tanto de día como de noche. Claro que también, por su vestimenta y forma peculiar de hablar, los hicieron protagonistas de burlas y chistes que tienen su reflejo en algunas viñetas de periódico que se reproducen en el estudio de Juan Jiménez Mancha. Los asturianos también ejercieron en Madrid de mozos de cuerda, lacayos, criados, conductores de simón, carboneros, vendedores ambulantes de escaleras y amas de cría.
En cuanto a las formas de ocio o vida de estos emigrantes del pasado Juaco López resalta sus similitudes con las costumbres que hoy se pueden observar en los inmigrantes que llegan a España. Unos y otros comparten estrecheces en materia de vivienda y mantienen vivos los vínculos de su comunidad, quedando para compartir su ocio en espacios concretos. En el caso de los asturianos en el Madrid del ayer la cita era a las orillas del río Manzanares. Allí se citaban para bailar, cantar, escuchar la gaita y disfrutar de la gastronomía de la tierra.
Estos importantes lazos de unión de los asturianos fueron el origen de dos importantes organizaciones. Así, en 1743 veía la luz la Real Congregación de Nuestra Señora de Covadonga, y en 1881 se fundaba el Centro Asturiano de Madrid, como segunda organización regional del mundo tras el Centro Gallego de La Habana. El Centro Asturiano sigue siendo un referente para los emigrantes del hoy, que, además, han generado otros organizaciones como Asturianos en Madrid (Asma). «¿Quien no conoce a alguien que trabaje en Madrid?», se preguntaba López al final de la presentación del libro.

El oficio de aguador fue durante más de cuatro siglos uno de los más importantes de Madrid. A veces por cientos, los aguadores se congregaban en las principales fuentes, incluidas las monumentales, como las de Cibeles o la de la Puerta del Sol, para abastecer a los hogares del agua necesaria. Las fuentes recibían el líquido recogido en la zona alta de Madrid a través de los viajes de agua, una red de galerías subterráneas que alcanzó los 124 km, base del sistema preindustrial de abastecimiento utilizado hasta la llegada del agua corriente a las casas. Eran tantos hombres junto a las fuentes –que a su vez presidían las plazas–, y hacían tanta vida en torno a ellas, que pronto los aguadores destacaron en el paisaje urbano madrileño. Existieron en Madrid decenas de clases de aguadores, como las de anís, azahar, canela, guindas, limón, nieve, cebada o botijo, pero ninguna tan popular y desarrollada como la de aguador de cuba; así llamados desde mediados del siglo XVIII por el recipiente que utilizaban, también conocidos como aguadores de cuatro arrobas, por el peso que acarreaban, o aguadores asturianos, por ser el Principado la cuna de la práctica totalidad de los hombres empleados en el oficio. Juan Jiménez Mancha explica en este número la figura de unos profesionales que fueron parte inseparable de la vida de la corte hasta que el agua del canal de Isabel II y los medios de subirla a presión acabaron con su menester.

 

Aguadores, serenos, carboneros, conductores de simón, amas de cría, comerciantes y mozos de cuerda eran muchos de los oficios en los que destacaba la presencia de asturianos a partir del siglo XVI, cuando Madrid se convirtió en capital. En muchos de ellos siguió siendo tradición que fueran ocupados por originarios del Principado incluso hasta hace pocos decenios, como fue el caso de los serenos
Juan Jiménez Mancha investigó estos datos en el Archivo Municipal de Madrid y tuvo la fortuna de que ya hace cinco siglos era necesario contar con licencia municipal para desarrollar estos duros trabajos. Por eso, el libro cuenta con numerosos datos perfectamente documentados. Así, algunos de estos llamativos datos indican que la emigración de asturianos a Madrid fue especialmente fuerte entre 1694 y 1734, cuando se llegó a que el 20% de los emigrantes a la capital del reino procedían del Principado. En 1850, según el padrón madrileño, llegó a haber 17.195 asturianos en la villa y corte, el 14,21% de la población inmigrante, la más numerosa.

Cangas del Narcea, Cabranes, Tineo y Villaviciosa fueron concejos que nutrieron principalmente los oficios llamados ‘viles’ de la capital.

Los asturianos llegaron a representar el 94,47% de los aguadores madrileños y el 66,33% de los serenos. Esportilleros y mozos de cuerda -porteadores-, lacayos, ayudas de cámara, conductores de simón -coche de caballos-, carboneros o nodrizas fueron otros de los oficios en los que los asturianos destacaron. Además, muchos de ellos, al requerirse licencia municipal, eran heredados por sus hijos, con lo que la estirpe continuó a lo largo de los siglos.

 
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 Otro punto de vista sobre lo mismo
 
Asturias, durante mucho tiempo, fue una región olvidada y desconocida. Incluso entrado el siglo XVIII, seguía considerándosela como «la Siberia de España», sin que Jovellanos se opusiera a ello, aunque la comparación no partió de él, sino de Jacinto Avella Fuertes, comisionado para reconocer los caminos del Principado. Las condiciones de vida eran duras, y si algún asturiano descollaba, se debía a que había tenido la decisión de abandonar su tierra. Durante siglos, los asturianos fueron reconocidos fuera de Asturias por sus cuellos cortos y sus «zapatos de palo», y las profesiones más frecuentes que ejercían eran las de aguadores y mozas de mesón, si hemos de creer a nuestros escritores clásicos, para quienes el asturiano es poco menos que un personaje exótico. Cervantes no presenta a la asturiana Maritornes como una mujer distinguida; pero no es el único. Como escribe Miguel Herrero: «Del corazón de la cuna de la nobleza española, de las Asturias de Oviedo, salía una casta de hombres que podían hombrearse con los gallegos en punto al menosprecio con que fue conceptuada por los demás españoles. El siglo XVII dio nombre especial a esta gente, y los conoció por "coritos", sin que hasta ahora sepamos el origen de esta palabra». No obstante no conocerse su origen, el apelativo de «corito» estuvo muy generalizado; según el autor de «La pícara Justina», a los asturianos «por aquella tierra de León unos los llamaban los "guañinos", porque van gruarando como grullas en bandadas, o quizá porque siempre van con las guadañas insertas en los hombros; otros les llaman "coritos", porque en tiempos pasados su vestido y gala eran cueros; alguno dijo ser la causa otra». Sea lo que fuere, «corito» y «cogote» eran poco menos que sinónimos. Ello se debe a que los asturianos son cortos de cuello, según se afirma en «La pícara Justina», en la que se señala que «en Asturias entre dos hombres tienen una cabeza partida por medio, y para que se junten como medias naranjas, están así sin cocotar para estar lisas y juntas». Malicioso, como acostumbra, Francisco de Quevedo escribe: «Minerva, hija del cogote de Júpiter, diosa que, si Júpiter fuera corito, estaría por nacer». Y en «La ventura sin buscarla», de Lope de Vega, leemos:

Párate a ver sombreritos

por gravedad sustentados

con bigotes engomados

y cogotes de coritos.

Agustín Moreto alude a otra característica del asturiano, las madreñas: «Has servido más entero / que zapato de corito», en tanto que Quiñones de Benavente repara en el aspecto desastrado de los asturianos que emigran a la corte: «Más andrajosos y despedazados / que corito en Madrid recién venido». A la corte van principalmente a ejercer como aguadores, tal como los presenta Vélez de Guevara en «El diablo cojuelo», en torno a la fuente de la Puerta del Sol: «Aquella bellísima fuente de lapislázuli y alabastro es la del Buen Suceso, donde, como en pleito de acreedores, están los aguadores gallegos y coritos gozando de sus antelaciones para llenar de agua sus cántaros».

 
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Un Madrid con sabor asturianoAguador asturiano en Madrid
 
 
Y siguiendo con los Coritos aqui otras informaciones que fui recolectando en internet.

LOS CORITOS EN MADRID

    Por Coritos se conocían a los asturianos que estaban fuera de su provincia, y así nos lo cuentan en la Pícara Justina al referirse a los asturianos:

    Otros les llaman coritos, porque en tiempos pasados todo su vestido y gala eran cueros”.

    En realidad eran más conocidos así por la forma peculiar de su cogote y en La Pícara Justina más adelante nos lo confirma:

   – Señora, en Asturias, entre dos hombres tienen una cabeza partida por medio, y para que se junten como medias naranjas están así sin cocote para estar lisas y juntar.

 

    Cervantes en el Quijote nos describe a una ventera asturiana llamada Maritortes como “moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote,…”

    Lope Felix de Vega de Carpio (1562-1635) los ensalza por la actuación ante su príncipe:

                            Con ser cortos de cuello

                            Los asturianos

                            Con su Príncipe quedan

                            Muy descollados.

    Pero se burla cuando hace alusión al problema de usar sombrero:

                            Párate a ver sombreritos

                            Por gravedad sustentados

                            Con bigotes engomados

                            Y cogotes de coritos.

Luis Quiñones de Benavente en el entremés de La Hechicera nos describe la pobreza de su indumentaria al llegar a Madrid:

                            Quédense para pícaros cuitados

                            Más andrajosos y despedazados

                            Que corito en Madrid recién venido.

    Y por si nos quedase alguna duda, lo mismo hace Antonio Hurtado de Mendoza en Cada loco con su tema:

                            Que un lacayo muy corito

                            Adelante, y luego atrás

                            Un paje andrajoso, más

                            Que familia es sambenito.

    La indumentaria característica de los lacayos nos la ofrece la Condesa D´Aulnoy que con su agudo ojo crítico nos revela la moda imperante en la corte española a finales del siglo XVII:

    “ Los lacayos llevan larga espada suspendida en un tahalí y oculta bajo la capa. Visten de azul ó verde y con frecuencia sus capas de paño verde están forradas de tercio pelo azul: llevan mangas de terciopelo, de raso ó de damasco; (…). Usan valona sin cuello y no llevan en su ropa ni ribetes de cinta, ni ludidos botones, ni guarnición alguna.”             

    La falta de cogote tan característico de los asturianos no pasó desapercibido a Joaquín Vilar Ferrán que en un apartado de su curioso estudio de 1919 dedicado a la antropología del concejo asturiano de Cabrales, lo atribuye a una manifestación braquicefálica de origen étnico o a una deformación artificiosa que cree producida por el uso de una variedad de cuna llamada “escaniello”: “En él, y sobre un jergoncillo de hojas de maíz, acuestan a los niños en decúbito supino, atándole fuertemente por medio de fajas” y en otra parte: “ el decúbito supino prolongado, gravitando la cabeza sobre el occipucio, en el periodo en que se verifica la osificación, hace que este se deprima y haga perder aquella forma ovalada con que sale del claustro materno,”

   

    Pero Francisco de Castro a pesar de hablar de Coritos y de utilizar topónimos asturianos, sigue hablando de gallegos. Porque para él y para los de su época gallegos y asturianos, más que “primos hermanos” como hoy se dice, eran hijos de una misma madre y no apreciaba diferencia alguna.

 

Los coritos. Coritos eran llamados los asturianos y por extensión los cántabros, pues no nos diferenciaban, en la corte, Madrid, allá por los siglos XV-XVIII, siglo arriba y abajo. Especialmente los asturianos, que se dedicaban al oficio de aguadores y de criados. Teníamos mala consideración. Sucios, ignorantes, mal educados y engreídos, ya que nos otorgábamos a nosotros mismos hidalguía como consecuencia de haber expulsado a los moros y comenzado la reconstrucción de las españas, lo que sentaba mal en ciertas clases pudientes.  Corito es un personaje sin cuello, con la nuca pegada a la espalda. Y así debíamos ser más o menos las gentes de por aquí arriba y vosotros estáis incluidos, pues era costumbre fajar a los niños completamente, a excepción del rostro, con vendas apretadas lo que impedían el normal desarrollo. Así sus madres podían ocuparse de las labores de la casa y del campo, con sus hijos a la espalda, sin que estos les molestasen. Muchos autores describen grotescamente a estos asturianos de la época, Larra entre otros, y no salimos bien parados, salvo en ser gente honrada, valiente y noble

 

Y aquí otra versión de " CORITOS " se refiere a los habitantes de Llanes

 

Llanes y xsus hombres.De Manuel Garcia Mijares. Dice

Covadonga memorable batalla, librada el dia primero de Agosto del año 718, tomaron una parte muy principal los Coritos de Llanes, pues como dice el romance, canto popular asturiano.

Aquellos son, los Llaniscos,

de los que dijo la fama,

que a fuer de Coritos, saben

guardar su campo y su casa.

 Los Coritos

Sobre los antiguos Curétes o Corítos, da curiosas y notables noticias el célebre P. M. Sarmiento en sus memorias para la historia de la poesía española.

Los famosos Corítos o Curétes, según el P. Perron, fueron sacerdotes de los Celtas; y cuando iban a la guerra, saltaban armados, batiendo recíprocamente sus escudos y dardos, al compás del crustico instrumento llamado Cetra o Ketra de cuero, o engastado en el cuero algun metal sonoro, de cuyo ruido o crustica armonía llamáronse Kretes o Curetes.

Su etimología segun Fornot debe buscarse en Egipto o en Fenicia por que tienen su orígen de la voz bíblica Keréticos o Ceretheos que dieron su nombre a Kreta, y trasladados a otros países se llaman Kretes o Curétes.

Sea de esto lo que se quiera, es lo cierto, que al Oriente de la villa de Llanes, y a poco más de dos Kilómetros de ella, existe una aldea llamada Cué, hoy parroquia de San Román, a cuyos naturales se dió siempre el sobrenombre de Coritos, y entre ellos lo mismo que entre los demás del concejo, aun se conserva la costumbre de usar corizas, que es un calzado de cuero sujeto con correas, y cubrir sus vestidos con pieles para contrarrestar las inclemencias del tiempo, haciendo vanidad de que los llamen Curetes, y blasonando de ser ellos los antiguos Coritos.

Pero ¿qué motivo hay para ello? No pueden ser las conjeturas sobre su origen, y destino de sacrificios los que les dió el P. Perron. Luego es preciso, dice Sarmiento, apelar a la derivación de la voz corium o coriza en la significación del vestido y calzado de cuero, y como los naturales del país, fijar su época en la derrota de los moros en Covadonga.

Es tradicción muy sentada, dice el Botánico p. 42. que el mote de Coritos que los Llaniscos estiman tanto, toma su origen de la emboscada conque vestidos de pieles sorprendieron a los arabes en Covadonga: pieles que ya llevaban contra los fenicios cuando pretendieron escalar las montañas de Asturias, y contra los romanos despues.

 

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 Solo cabe el pensar en nuestros antepasados,  lo mal que fueron tratados, por otros españoles no cometamos ese mismo pecado nosotros con los que aqui vienen a visitarnos o a trabajar.

 

 
 
 
 

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Una respuesta a Emigrantes asturianos en Madrid ” Coritos”

  1. mimosina dijo:

    Hola mi nenaa,aqui toi asomando el fociquin a ver que aprendo hoy, y ya ves, algo nuevo aprendí.Muchos besinos

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